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El gazpacho que se hace en cápsulas de cafetera existe

Y tiene pinta de saber exactamente como te imaginas.

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El gazpacho que se hace en cápsulas de cafetera existe

De los creadores de la gilda con chorizo ha llegado “el delicioso sabor y aroma del gazpacho en una pequeña capsula de 14 gramos”. Continuando con lo inesperado, esta curiosa creación no viene de Andalucía, sino que tiene a Italia como país de procedencia.

El razonamiento del asunto podría ser la siguiente: si existe el avecrem como concentrador de caldo, ¿por qué no iba a existir un elemento que concentrara también el gazpacho? La respuesta a la pregunta la dejamos a discreción de lo reaccionario (o no) que sea cada uno.

Los ingredientes son los siguientes: Gazpacho de tomate deshidratado, azúcar, maltodextrina, proteína de soja hidrogenada, espesante, glucomanano, grasa de palma parcialmente hidrogenada, saborizante, concentrado de remolacha, antiaglomerante E551, cebolla (1%), ajo y regulador de acidez. Y en este punto surge una pregunta clara: ¿cómo podemos llamar gazpacho a algo que no lleva sus ingredientes?

El producto se puede comprar en Amazon y tiene cuatro estrellas de valoración (lo cual no está nada mal). Lo único es que, irónicamente (o no), las mejores puntuaciones no están escritas en español: es decir, quizás está bueno si no lo comparas con un gazpacho.

En el caso de las personas que conocen el verdadero producto hay quorum respecto a la valoración: “no se parece mucho a lo que conocemos por gazpacho, es más bien sopa de tomate con especias no es que sepa mal pero me esperaba otra cosa”; “básicamente es una quimicefa que lleva de todo menos lo que lleva el gazpacho” o “no por ser de polvos y agua tiene que ser malo, pero la realidad es que el sabor es muy artificial”

Si pensamos en las ventajas con respecto a hacerlo manualmente, barruntamos que la principal es el tiempo. Pero en ese caso, ya tenemos el gazpacho de tetrabrick. Si pensamos, ahora, en las ventajas del gazpacho de cápsula con respecto a las del tetrabrick, solo se nos ocurre la del espacio. Y tampoco es que sea una excusa que justifique la invención de lo que ha sido definido como una quimicefa. Sea como fuere, aun sin probarlo, nos aventuramos a afirmar que no, que no era necesario inventarlo.